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Lima, 27 de Mayo del 1993
Srs. SOCIEDAD PACARITANPU HATHA
Av. Gastón Zapata 429, Urb, Sta. Rosa Huanchaq – Cusco
Referencia: ”La Gran Pirámide de Pacaritanpu, Entes y Campos de Poder en los Andes”
Presente:
El libro que tengo entre manos tiene el Título de “La Gran Pirámide de Pacaritanpu, Entes y Campos de Poder en los Andes”, es un libro que lo he revisado varias veces.
En primer lugar, es una contribución sobre los Incas y sobre los Mitos de origen, y luego es una especie de caja de sorpresas porque nos trae una serie de preguntas y enigmas que hay que responder; los historiadores y arqueólogos hemos quedado sorprendidos por este libro. ¿Qué de verdad contiene este trabajo, que de mistificación hay en todo esto? No lo sabemos, pero lo importante es que se ha abierto un nuevo derrotero en el campo de la arqueología y en el de la Historia. Debo felicitar a los hermanos Elorrieta por este trabajo; porque ahora la historia se hace caminando en el campo ya no es aquella historia que se hacía con tijera, papel y goma. Ahora el historiador camina y verifica los hechos con documentos en la mano. Ese trabajo es pues el resultado de investigadores que han recorrido las zonas geográficas del valle Sagrado de los incas.
Encuentro tres aportes en este libro, uno de ellos es el descubrimiento de una pirámide; quienes han estado en el Cusco, en la zona del llamado Valle de Yucay, del Valle del Vilcanota no la hemos visto, hasta que el ojo avizor de los Elorrieta encontraron esa pirámide.
El otro aporte, es la interpretación de los conjuntos arquitectónicos, ellos ven llamas, alpacas, cóndores, pumas, este perecería ser una especie de fantasía que los autores están tratando de imaginar conjuntos de esta naturaleza que representan los animales simbólico- mágicos con caracteres astronómicos, pero no solamente en la región del Cusco aparecen estas configuraciones, también en el caso de Paramonga es evidente que su diseño corresponde a una llama, todo esto representa la obsesión del mundo astronómico del Perú antiguo. Así también la ciudad del Cusco tiene la imagen de un puma, pero ahora podría decirse que los nuevos historiadores y arquitectos lo ven así, no, son los cronistas que dicen que Pachacuti Inca Yupanaqui planificó el Cusco en forma de un puma.
Quizás lo más trascendental de este libro es el cuestionamiento a una tesis que había sido aceptada. Los Elorrieta han cuestionado la tesis en cuanto a que los mitos de origen de los Incas están ligados a Paruro, afirman que Pacaritanpu no está en la provincia de Paruro, Cusco sino más bien en el Valle de Yucay en la Provincia de Urubamba, Ollantaytambo – Cusco.
¿Qué de cierto hay en esto?, ¿Los cronistas fueron expresamente engañados para encubrir ese lugar sagrado?, o ¿Los Incas no quisieron hacer ninguna referencia? Y es curioso, para el valle de Yucay o del Vilcanota los Cronistas dan muy poca información, parece que a propósito no dieron aparente importancia a los ojos de los cronistas españoles. El mito de los orígenes de los Incas no es un mito nuevo sino algo que arrastra desde tiempos pretéritos, los Incas expresaron mitos cuando llegaron a Tiahuanaco, asimilaron el mito Colla, después asimilaron el mito de Pacaritanpu, de Manco Capac que va a presentarse en el Valle del Cusco, pero hay un último mito más conocido, el de los hermanos Ayar, mito que es evidentemente una composición retórica que los incas hacen para magnificar su historia. Ellos no descienden de los hombres, descienden de dioses.
Hasta ahora se había aceptado como firme la opinión de ubicar el escenario de este mito en la zona de Paruro. Hace algunos años escribí un libro aun inédito que se llamó “Los mitos de Origen de los Incas”, y traté de rastrear parsimoniosamente todas las fuentes que había sobre este mito, todos nos llevaban a Pacaritanpu y nos llevaban a Huanacaure que está cerca al Cusco y había una cierta persuasión que desde ese punto creíamos agotado el tema, pero los Elorrieta, como ocurre en los grandes sucesos históricos, nos han abierto una nueva ventana donde los historiadores tenemos que volver a estudiar los crónicas, y los arqueólogos tienen que volver a investigar los testimonios arqueológicos que se han encontrado en el valle de Yucay y proximidades.
¿Qué importancia tiene esta pirámide?, históricamente no aparece, solamente en uno de los últimos documentos que se conocen en la historiagrafia es que en el valle de Yucay estuvo enterrada la momia de Huayna Capac; en un documento temprano de 1548 se habla que había Apo Yanacunas, servidores especiales de la momia de Huayna Capac, ¿Qué tiempo estuvo allí?. En algunos documentos se habla de la momia, y, en otros del bulto de Huayna Capac, y que esta momia fue llevada a Vilcabamba cuando Manco Inca Yupanqui se retiró del Cusco. Un general español que estuvo a punto de capturar a Manco Inca recuperó las momias ¿fueron los de los Incas?, al parecer este entregó la momia de Huayna Capac a un hijo llamado Paullu Inca y fue enterrado en un lugar muy reservado, los documentos nos hablan reiteradamente que estuvo en el Valle de Yucay no se dice exactamente dónde, ¿fue en una de las galerías o criptas de esta pirámide? No lo sabemos.
Es evidente que los documentos que se encuentren, las informaciones documentales que debe haber, nos permitirán ahora volver a pensar en el Pacaritampu, nombre que el autor ha puesto a esta pirámide, nos va a permitir a los historiadores volver a los archivos del Cusco y fijar que hay en relación a esto, infortunadamente los archivos del Cusco están poco estudiados, conocemos muy poco de ellos en la misma manera que en las investigaciones arqueológicas. Se ha dicho que el Perú sigue siendo un gran desconocido porque los peruanos en realidad de creadores, de tener sentido de creatividad hemos resultado copiadores estamos tras los moldes extranjeros, no estamos caminado bien. Elorrieta ha tenido la intuición y el coraje de afrontar, seguir una sombra quizás, una sombra que ha terminado en una evidencia histórica; es admirable esta pirámide llámese Pacaritanpu o quizás tenga otro nombre, no lo sabemos pero el autor lo ha llamado así y creo que los incas han salido de ese lugar y no de la región de Paruro. El libro así, no deja de ser pues apasionante, puede ser muy discutible en su contenido, podemos discrepar, puede pensarse que hay mucho de imaginación, que las apariencias son un poco deleznables, pero eso no tiene importancia; la Nueva Historia se hace precisamente a base de interrogantes del tiempo dirá si Fernando Elorrieta et al., tienen razón, si la tesis que sostiene es correcta o no, pero de todas maneras este libro nos ha abierto un nuevo derrotero en el campo de la Historia y que para quienes estamos interesados en el conocimiento profundo de los Incas será realmente un incentivo para seguir trabajando en este campo.
 
Fecha de envío: 02 Setiembre 2014
Enviado por: DR. EDMUNDO GUILLÉN GUILLÉN.
Decano de la Facultad de Lenguas Modernas. Universidad Ricardo Palma., Lima, Perú.
www.cuscomachupicchuonbooks.com
PACARITAMBO EN EL CONTEXTO ARQUEOLÓGICO DEL CUSCO
Por: Dr. Hernán Amat Olazábal.

Lic. Fernando E. Elorrieta Salazar. Ing. Edgar Elorrieta Salazar:
La Gran pirámide de Pacaritampu. Entes y Campos de Poder en los Andes. Sociedad Pacaritampu Hatha. Cusco – Perú. 1992.

En primer término quisiera agradecer a Fernando Elorrieta S. quien ha tenido la gentileza de invitarnos para hacer un comentario del libro “La Gran Pirámide de Pacaritanpu, Entes y Campos de Poder en los Andes”, y que realmente constituye una nueva forma de interpretar el pasado antiguo del Perú.
Antes de hacer un comentario concreto del libro, deseo abordar muy brevemente como vamos a ubicar en el contexto arqueológico del Cusco a este lugar tan polémico que es Pacaritanpu, el lugar del origen de los Incas. Hay muchas versiones acerca de Pacaritanpu, las crónicas han abordado desde distintos puntos de vista, muchos la han ubicado quizás desde un punto de vista vago, impreciso, quizás con la excepción de Sarmiento de Gamboa.
Hay numerosas estudios acerca de Pacaritanpu, de este lugar señalado como de los orígenes de los Incas. Desde el año 1937, cuando Luis A. Pardo habló por primera vez de la ubicación, también hay un trabajo excelente de Jorge C. Muelle del año 45, pero publicado 5 años después donde también nos habla de la posición de Pacaritanpu en la posibilidad de dos grandes centros como serian Maukallacta y Pumaorco, muchas de las toponimias de estos lugares mencionados, ubicados en la provincia de Paruro, Cusco, se hallan también en el Valle Sagrado de los Incas lugar en el que durante once años Fernando Elorrieta et al., trabajaron pacientemente para ubicar una gran pirámide a la que la denominan Pacaritanpu.
¿Qué significa en el contexto arqueológico Pacaritanpu?, si hacemos una breve secuencia de lo que es ahora la arqueología en el Cusco, especialmente con las investigaciones realizadas en los últimos quince años practicante se ha cambiado la fisonomía de lo que todavía se está enseñando en las universidades del Perú acerca de lo que significa la secuencia cultural en Cusco. Siempre se ha partido del asentamiento Marcavalle como una de formaciones culturales más antiguas del periodo formativo más o menos entre 1200 a.c a 800 a.c. En la década del 40’ Jhon Rowe, uno de los grandes pioneros de la arqueología del Cusco, después de Luis E. Valcárcel y Luis A. Pardo plantean una tesis acerca de otra secuencia, pero partiendo de Chanapata; hasta entonces no se conocía Marcavalle. Chanapata es uno de los sitios que pertenece al periodo formativo del año 1000 a.c. a 1200 d.c, posteriormente tenemos una diversidad de estilos cerámicos que corresponden a lo que llamamos el horizonte blanco sobre rojo, debido al empleo de la pintura blanca sobre el fondo rojo en la cerámica que en Cusco se llama Paqallamoc, este cambia de nombre en la costa norte como Layzon recientemente descubierto por científicos japoneses. Salinar, en la Costa Central se le denomina Baños de Boza y Miramar.
Pero, ¿Qué ocurrió en Cusco en este amplio desarrollo de los estados regionales? Este periodo en la costa norte se llamó Moche, en la costa sur se llamó nazca, en la sierra norte Recuay, pero allí en Cusco ¿Qué paso, era quizás hasta hace poco una de la incógnitas. Siempre hemos asignado a Tiahuanaco como una de las formaciones culturales de este periodo y que solamente se asentaron en la zona del altiplano, pero las investigaciones recientes han desvirtuado todos aquellos puntos críticos que nos habían impuesto los investigadores norteamericanos, especialmente aquellos que dicen que Tiahuanaco solamente había llegado hasta Sicuani respecto a su expansión hacia Cusco.
Pero actualmente hemos podido ver que Tiahuanaco no solamente estuvo en dichos lugares sino en pleno Cusco; así tenemos un Tiahuanaco muy temprano en Cusco propiamente dicho y algo más, tenemos presencia pre-Tiahuanaco, así que hay pues una data muy larga de influencias altiplánicas, así como también asentamientos en la zona del Cusco. Así mismo, también se ha encontrado en pleno Cusco la presencia del estilo Pucara, fase sumamente relacionada con el formativo superior o quizás con el horizonte medio como la formación Wari-Lucre coetáneo de Wari en Piquillacta, el estilo cerámico al que llamamos Killke y posteriormente el desarrollo cultural Inca. Y es en este horizonte donde se ha ubicado siempre el Pacaritanpu, ya sea el Pacaritanpu de Paruro, donde los restos arqueológicos de Maukallata y de Pumaorco tienen pues una típica manifestación o sistema productivo inca, pero lo que se ha visto ahora, esta revelación que los hermanos Elorrieta han dado al mostrarnos una pirámide de dimensiones realmente asombrosas con una altura de 34 metros y 150 hectáreas de área construida la cual siempre ha sido relacionada al periodo de expansión Inca pero ahora las evidencias que se pueden ver en sus sistemas constructivos tentativamente nos indican que correspondería a un periodo anterior, posiblemente la investigaciones arqueológicas que se deben hacer allí van a despejar una serie de incógnitas no solamente desde el punto de vista de los orígenes de los Incas sino desde el punto de vista del desarrollo a un tiempo más temprano en esta zona del Valle del Vilcanota; esta pirámide está íntimamente relacionada con este sitio llamado Ollantaytambo porque todo confluye en este poderoso centro que lamentablemente no ha sido estudiado en su debida dimensión; Ollantaytambo es uno de los testimonios arqueológicos más ricos, más relevantes, solamente han merecido tres publicaciones que diríamos de cierta calidad, una de carácter descriptivo de Llanos, un trujillano que lo publica en la década del 30, luego Luis A. Pardo hace un estudio sobre Ollantaytambo así como Valcárcel, posteriormente tenemos descripciones sobre el lugar, pero un estudio sistemático de Ollantaytambo íntimamente relacionado con esta gran pirámide no existe en absoluto, por ello es ahora apremiante realizar un trabajo de gran envergadura, pero debe ser un trabajo multidisciplinario; el arqueólogo tiene que estar íntimamente ligado con el etnohistoriador, el lingüista, el antropólogo, el etnólogo y otros, porque de lo contrario continuaremos con la arqueología tradicional en la cual el arqueólogo solamente tenía una intensión de ver cerámica, hacer o tipificar seriaciones y también cuando veíamos un monumento arqueológico, describir minuciosamente la composición arquitectónica sin considerar su funcionalidad, creo que se debe iniciar un gran Proyecto científico en este Pacaritanpu que justamente van a descorrer una serie de incógnitas con una nueva forma de tratar el pasado, eso que nosotros llamamos no la nueva arqueología que se nos ha enseñado con una fuerte influencia norteamericana, esa denominada llamada “The New Archeology” que no tuvo absolutamente ningún resultado porque eran modelos totalmente inadecuados para la realidad peruana, después se cambió a otra modalidad llamada “Arqueología Procesual”, que también se enseñó en la Universidad de San Marcos y así nos hemos imbuido de estas teorías que tampoco resolvían ningún problema, se cambió el marco metodológico y teórico procesual y ahora los norteamericanos nos han traído otra faceta de la arqueología, otra forma de interpretar el pasado peruano, ¿Cuál es ese?, ahora le llaman arqueología post- procesual, estamos ahora en esta etapa, pero creo que nosotros tenemos que enfocar la arqueología desde otro punto de vista, pensando desde un punto de vista andino, este es el mensaje de los hermanos Elorrieta, en su libro trasciende esta forma de pensar, esta nueva forma de interpretar, ¿Cómo vamos a comprender a los andinos si tenemos moldes europeos o modelos norte americanos?, tenemos que buscar las raíces a través del mensaje que todavía esta vivo. Los hermanos Elorrieta en su libro han hecho confrontaciones de carácter etnográfico porque la vivencia del pasado, la presencia del pasado está vivo a través de los Paq’os, esos sabios que todavía viven; ellos son los depositarios de la historia tradicional, ellos son depositarios de la tradición oral que incluso los cronistas quienes tuvieron ocasión de captar sus relatos desde el siglo XVI son quienes tergiversan las informaciones porque trajeron modelos de pensamiento europeo, es por eso que estamos hablando de una trilogía de divinidades, también estamos hablando de un dios creador andino, pero ahora sabemos que es dios creador no fue tal, la concepción andina es distinta. La concepción del tiempo andino es diferente.
Por todo esto me parece que esta nueva forma de pensar, esta nueva forma de reinterpretar el pasado nos ha dado pues una gran lección, una dupla de investigadores que incluyendo a un grupo de colaboradores superaron una serie de dificultades logrando una obra de gran calidad. Estamos de acuerdo en muchos de esos aspectos, en otros seguimos comentando, seguimos discrepando porque así es el quehacer científico, ellos han realizado una obra paciente, una obra extremadamente paciente y los frutos están allí, el mensaje de los Elorrieta, nosotros en la Universidad Nacional mayor de San Marcos lo recogemos con mucha emoción y con unción porque ellos nos han enseñado a pensar de otro modo, no con los modelos extranjeros sino con la raíz andina que está en el Perú.
 
Fecha de envío: 02 Setiembre 2014
Enviado por: HERNÁN AMAT OLAZÁBAL.
Dr. En Historia y Arqueología. Universidad Nacional Mayor de San Marcos – Lima, Perú. Facultad de Ciencias Sociales. Escuela Académico Profesional de Arqueología, Cusco
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Discurso pronunciado en el auditorio Maese Heller de la Universidad del Pacífico, en la presentación del libro La Gran Pirámide de Pacaritambo, Entes y Campos de poder en los Andes.
Autores: Lic. Fernando E. Elorrieta Salazar. Ing. Edgar Elorrieta Salazar:
Libro: La Gran Pirámide de Pacaritambo. Entes y Campos de poder en los Andes. Sociedad Pacaritampu Hatha. Cusco – Perú. 1992

Los autores de este libro, los hermanos Fernando Y Edgar Elorrieta, naturales del valle de Urubamba, son quechua y castellano hablantes, hecho que les facilita comprender la cultura andina. Para ello no sólo confiado en su conocimiento del runashimi para entrevistar a campesinos indígenas conocedores de sus tradiciones, sino que también han consultado a los principales cronistas de los siglos XVI y XVII, además de haber caminado por las provincias septentrionales del Cusco, inspeccionando los lugares arqueológicos.
Mis deseos no apuntan sobre el rico aporte arqueológico de este pequeño volumen, sino acerca de las contribuciones etnohistóricas; y no de todas por la falta de tiempo, sino de las que considero más relevantes.
En sus capítulos encuentro párrafos etnohistóricos muy bien logrados, diría yo exactos por calificar con precisión a ciertas cosas y acontecimientos. Por ejemplo cuando dan a Pacaritambo la categoría de “Huaca Insignia del Tahuantinsuyo”, por haber constituido la pacarina o lugar de origen mitológico de los incas: héroes civilizadores del mundo andino. Es un apelativo que lo hallo muy claro y cabal. Desde luego que los dos autores reconocen que el lago Titicaca configuraba la gran pacarina del espacio andino, con supremacía a Tambottoco, confirmado con las declaraciones de un paco (o sacerdote) actual, que indicó al Titicaca como el lugar de procedencia de sus abuelos o ancestros, es decir, de la integridad de los antepasados.
En consecuencia, los incas en Tambo (u Ollantaytambo) y en el Cusco eran inmigrantes collas, o mejor dicho collas – puquinas, que tal fue el nombre completo de la mencionada etnia, integrada primordialmente por pastores y agricultores, especialistas en el conocimiento y manejo de los más diversos ecosistemas.
Sostienen, precisamente, que Tambo (u Ollantaytambo) fue escogido por un grupo de esos incas por reunir las condiciones ecológicas y orográficas que les convenía. Es en el ámbito donde el río Vilcanota forma un valle amplio y de abundante aluvial, apta para una continua producción de gramíneas y tubérculos. Dispone de accesos rápidos al ecosistema puna, esencial para la ganadera que caracterizó a los collas- puquinas. Tambo (u Ollantaytambo) no hay que olvidar, goza de estabilidad climática, aparte de sus aguas abundantes.
Ollantaytambo, pues fue poblado por inmigrantes collas-puquinas, así pastores como agricultores. Dominaron totalmente aquel territorio para abastecerse de maíz, ají y coca, elementos imprescindibles para los citados habitantes. Tambo fue la serie de su gobierno. Estas concusiones las enuncian a base de análisis de tradiciones y mitos que todavía refieren los indígenas de Ollantaytambo y sus alrededores, quienes afirman que fue única en el comando a los referidos inmigrantes que, por igual, se asentaron en Quero.
Si tenemos en cuenta que el nombre completo de los collas fue colla-puquina, como lo dice Guamán Poma de Ayala, arribamos al resultado de que los tambos, como los incas del Cusco, fueron puquinas.
Tambos y cuscos eran de rango similar. Sus mitos los presentaban como originarios del mismo lugar, tal como los enfatizan Gutiérrez de Santa Clara y Cristóbal de Molina, el Cusqueño.
De modo análogo son sugestivas las páginas donde los hermanos Elorrieta nos cuentan que en el área de Ollantaytambo hay sitios que tienen los mismos nombres y funciones que otros parajes similares en el perímetro del Cusco. Así, en Tambo se alza un cerro llamado Huanacauri, tan asociado el mito de origen incaico. Ambos Huanacauris, el del Tambo y el del Cusco, presentan en sus cumbres restos de adoratorios semejantes, uno de cuyos planos imitan el cuerpo de alpaca. Se trataría de un santuario dedicado a Urcochillay, lo que vale decir la constelación de la alpaca, protectora de los rebaños. Otro paraje de Ollantaytambo, cuyo nombre coincide con otro del sur del Cusco es Pallata de manera análoga, exhibe la figura de una alpaca, o sea de una Illa (o conopa de alpaca).
Nos preguntamos entonces, ¿Esta simultaneidad de designaciones toponímicas y mitológicas de Tambo y Cusco son meras duplicidades, o anuncian intensos lazos étnicos, políticos y religiosos entre una y otra localidades? Mi opinión es que indican que los dos grupos tenían el mismo origen.
En esta obra, sus autores sostienen, así mismo, que la cosmogonía o concepción del mundo inca tiene raíces antiquísimas. Con lo que los hermanos Elorrieta se alinean a la corriente moderna, sostenedora de que la civilización inca es el resumen o compendio de múltiples y viejas sabidurías, cuyos comienzos más profundos hay que buscarlos en el Horizonte Formativo, que fueron enriqueciéndose poco a poco con la aparición y desarrollo de culturas posteriores.
Fernando y Edgar Elorrieta reafirman que la palabra Huira. (Wira) no es otra cosa que la grasa, pero entendida como la fuerza que genera la vida, la energía vital y trascedente. De manera que Huiracocha, el nombre del supremo dios ordenador del cosmos andino, viene a ser el ente vital y trascendente en el más amplio sentido. He ahí porque la grasa o sebo tenía gran prestigio en el antiguo Perú, al igual que la quinua y el maíz. Pensaban, por lo tanto, que la vida manifestada en los movimientos del cuerpo humano y de los animales e incluso en el de los dioses, dependía del unto que se acumula en el interior del organismo.
Hasta hace poco traducíamos Pachacutí, como el transformador, llegando algunos a sostener, incluso, que significaba el revolucionario. Nada más falso que ello. Pachacuti, defienden los autores de este libro, quiere decir "retroceder en el tiempo" implantar un orden a la manera antigua. Punto en el cual estoy en perfecto acuerdo. Claro que esto ya lo expuso Fernando de Montesinos en 1642; pero nadie ha sido capaz de darle crédito, por reputarlo injustamente un terrible fantaseador.
El diálogo que sostuvieron los hermanos Elorrieta con un curandero o adivino actual, nos conduce, al conocimiento de que estos previamente a sus actos mágicos se drogan para ponerse en trance, en el que hasta se sienten y ven volar. Lo que evidencia que los sacerdotes del incario procedían de la misma manera. Al despertar y recuperar su estado normal de conciencia, expresaban sus diagnósticos y vaticinios.
Otro punto que merece ser remarcado en esta presentación es lo que toca al Ushnu. En el presente libro aparece como parte de la arquitectura del poder. De formas algo piramidales y de plataformas superpuestas, producían una sensación de respeto, admiración y hasta veneración al Estado Inca. Los había en las plazas mayores de toda llacta o asentamiento urbano incaico, pero ya existían desde épocas mucho más antiguas. En el Ushnu, nos dicen todo es simbólico, una suma de símbolos que magnifican el poder del rey. En la sierra eran de piedra; pero en la costa, de tierra.
Y aquí es donde encuentro un dato que me permite deducir que la pirámide truncada llamada Acapana, en Tiahuanaco, no es otra cosa que el Ushnu de esa llacta. Los hermanos Elorrieta no lo expresan directamente, pero la exposición que ofrecen así nos autoriza deducirlo. Lo que convalida que estos monumentos, que en el incario desempeñaron funciones rituales, políticas, militares y astronómicas, son de origen preinca, y más concretamente puquina.
En sus observaciones de campo, Fernando y Edgar han ratificado que los mejores centros de culto siempre están en las zonas Urin y no en las Hanan. Así es, por lo menos, en el área que respecta a Tambo y al Cusco. Lo que los lleva a sustentar que en Urin vivían los sacerdotes, mientras que Hanan configuraba el hábitat de los gobernantes. Realidad, sostengo yo, que se encuentran avalada con la ubicación del Coricancha en Urincusco y no en Hanancusco.
Y aquí hay que tomar en cuenta otro redescubrimiento de los Elorrieta que en el mundo andino consideraban al sur como lo de arriba, y al norte como lo de abajo.
Otro aspecto que no debemos soslayar son sus reflexiones tocantes a la astronomía y calendarios incaicos de tipo agrícola, ganadero, ritual, etc. Dejan entrever que al año solar lo dividían en 13 meses lunares: 12 de meses largos, en tanto el último conformaba un mes chiquito de 5 días o media semana. Cosa también compartida ahora, independientemente, por Tom Zuidema. En cuanto a las Intihuatanas, propugnan que es una designación moderna y no incaica.
En lo que más atañe, pues, a la astronomía, los hermanos Elorrieta dedican sus más intensas y apasionadas paginas a una gran pirámide localizada en las proximidades de Ollantaytambo. Nos describen una pirámide monumental de 9 recias plataformas, consagradas a la observación de los astros. En lo atingente, nos hablan de otras puntas de piedra que debieron servir, así mismo, como observatorios astronómicos, tal como la de Incamisana.
Pero antes de proseguir, aquí es aconsejable recalcar en un informe impresionante. Para los autores de este libro, la enunciada pirámide de Tambo constituyó concomitantemente el mausoleo para sepultar a los emperadores incas, como lo asevera Montesinos. Pero es un tema sobre el cual no estoy totalmente de acuerdo, ya que en Ollantaytambo lo único que inhumaban eran las vísceras de los incas, ya que sus cuerpos momificados quedaban en el Cusco, tal como lo profiero enorme. Es una tarea que los arqueólogos tendrán que elucidar.
Los restos mortales de las esposas de los incas, en cambio, conservaba los momificados y/o sepultados en el Cusco mismo para lo cual conducían tierra de sus lugares de origen. Eran pozos profundos, encima de los cuales hasta sembraban.
Sus ponderaciones concernientes a la Napa son muy insinuantes. Bernabé Cobo es uno de los cronistas que escribe de la Napa: una alpaca blanca vestida con telas rojas, infaltable en las solemnes ceremonias. Los hermanos Elorrieta añaden que Napa significaría, en su primera acepción, “lo mío”, y que estaba muy ligada a dios Huiracocha. En tal sentido la napa o Alpaca blanca estaría considerada como un ser humano que representaba a los runas en general. Pero napa también tiene una segunda acepción de acuerdo a lo referido por el paco o sacerdote Timoteo Achancaray, quien la tradujo como “el espíritu del rebaño”.
Justamente nos dan noticias de un gigantesco bofedal alpaquero llamado Napacocha en el contorno de Tambo. El aludido topónimo anuncia de que fue una comarca de vida y reproduccion de alpacas, de donde obtenían los ejemplares que necesitaban los incas para llevarlas en sus largos viajes, tal como lo narran Polo de Ondegardo, Sarmiento de Gamboa y Bernabé Cobo. En Napacocha criaban, por consiguiente, alpacas blancas y seleccionadas para proveer a la clase gobernante de ese elemento que lo tomaba como otro símbolo de su poderío. La Napa era pues, otra de las parafernalias principales de los incas. El enorme bofedal de Napacocha está situando en las faldas del gran nevado Sahuasiray (Calca).
Los planos y estructura de los templos y llactas tenían formas de animales, o de plantas. Pero los Hermanos Elorrieta nos dicen que en el Cusco ostentaban la figura de una panoja de quinua, y no de un puma como asevera Garcilaso, ni de una llama como propugna ahora Tom Zuidema. La afirmación de los Elorrieta descansa en un informe proporcionado por Cobo, quien al catalogar las huacas de los ceques cusqueños, asegura que en la de Sapi guardaban una descomunal raíz de quinua, considerada como la cepa o fundamento de donde procedía el Cusco, y que gracias a ellas se conservaba dicha urbe. Sin embargo, Fernando y Edgar aceptan que también exhibía la silueta de un puma echado sobre sus cuatro patas pero con la cabeza erguida. Los que falta explicar es porque le dieron esa imagen y cómo funcionaban simultáneamente.
Nos refieren que el plano de la llacta de Tiahuanaco exterioriza el trazo de un camélido, bien que no puntualizan si es huanaco, alpaca, o llama. Aunque, al sostener que representa a la Napa, tiene que ser una alpaca, cosa que Tom Zuidema asegura que ocurrió en el Cusco, en contraposición a Garcilaso que establece que esta mostraba la estampa de un puma. ¿Cuál de ellos tendrá la razón?
Siempre, en lo que incumbe a esta temática, de conformidad a los descubierto por Fernando y Edgar, ofrecen la figura de un árbol de copa muy frondosa y extendida, simbolizarlo los dos árboles existentes uno a cada lado de la pacarina de capacttoco o Incapttoco: uno de ellos representaba al padre de Manco Capac (Apotambo) y el otro a su madre Pachamaachi.
En ciertos andenes han percibido que fueron confeccionados siguiendo las formas de alpacas y otros de guanacos y llamas, cuyas perspectivas han sido reconstruidas por Alfonso Anticona bajo la dirección de Fernando Elorrieta. Ello, en consonancia a lo escrito en este libro, certifica la relación que existía y latía entre hombres - camélidos - agua. Pues la mitología atribuye a los camélidos en origen de manantiales, lagunas y lluvias, tan útiles para la agricultura en un país agrícola por excelencia, pero castigado por continuas sequias. Los que diafaniza, a su vez, los inacabables ritos que llevaban a cabo en homenaje a dichos camélidos. La constelación de Catachillay (o de la llama) jugaba, por lo tanto, un innegable rol en la agricultura y ganadería: dos actividades de notable envergadura en los Andes.
La existencia de un cerro denominado Viracochanurco (el enviado de Huiracocha), los impele a pensar de que ese enviado fue tunupa, personaje al que lo identificaban en el Equeco: Divinidad de la dicha. Acerca de todo lo cual forjan una serie de hipótesis que no hay tiempo de desgranar aquí. Pero la conclusión es que Huiracocha significa vitalidad: y que Tunupa es el mismo Huiracochan: el enviado del dios ordenador del mundo andino.
Es cautivante como los Elorrieta han redescubierto una roca tallada en un acantilado del cerro Viracochanurco que representa el rostro de un anciano de mirada severa y facciones adustas con su respectivo birrete o chuko, y que ellos identificaban como el retrato del mencionado Tunupa o Huiracochan, en cuya parte posterior se alzan unos almacenes (vistos como cárceles o escuelas por otros). Las fotografías y diapositivas que tienen son verdaderamente espectaculares. Claro, si el cerro era nombrado y sigue siendo llamado Huiracochánurco, hay aceptar de que aquella cara es del representante del Apo Con Ticsi Huiracocha. Huiracochan o Tunupa, sostienen, constituía el enviado de los collas (puquinas) migrantes, el mismo que entregó su bastón de mando a los incas, según el mito.
Por ahí mismo corroboran que los dibujos de forma de rombo que aparecen en los tocapus, son los mismos que se ven en las mesas de los curanderos- adivinos de hoy, para los cuales simboliza el Sol.
Con todo, al lado de los que juzgo como muy expectantes aciertos, quedan un buen número de cuestiones y materias para una discusión en mesas redondas especiales. Por ejemplo eso de identificar a Ollantaytambo como el Tamputtoco o pacarina de los incas, o mejor diríamos el terruño de los Ayar: lo que a los hermanos Elorrieta los guía a defender de que Manco Capac procedía de Ollantaytambo y no del país Masca. Pienso que es una hipótesis para probar más no una conclusión definitiva.
Después de lo que he dicho, solo me cabe felicitar a Fernando y Edgar Elorrieta por este libro lleno de sugerencias y referencias que, desde ahora en adelante, los arqueólogos y etno historiadores del espacio andino tendremos en cuenta para clarificar una serie de puntos que permanecían en la penumbra. Los congratulo, pues, y espero que prosigan es sus investigaciones.

Gracias.
 
Fecha de envío: 31 Agosto 2014
Enviado por: WALDEMAR ESPINOZA SORIANO
Dr. en Etnohistoria, Profesor Principal en la Facultad de Ciencias Sociales, Escuela Académico Profesional de Arqueología, Universidad Nacional Mayor de San Marcos., Lima. Perú
Lima, 15 de febrero de 1993.
Sres. SOCIEDAD PACARITAMPU HATHA
Av. Gastón Zapata 429, Urb. Sta Rosa, Huanchac - Cusco
Referencia: “La Gran Pirámide de Pacaritampu, Entes y Campos de Poder en los Andes”

Presente.-
El estudio de los Hermanos Elorrieta es un ejemplo de innovación histórica etnográficamente informada.
Substancial en su contenido, explicito en su razonamiento examina, o mejor dicho reexamina el mito de los orígenes de los Incas como una construcción artificial dentro de la temprana restructuración de los Centros de Poder.
La información etnográfica y las observaciones in situ, resultan cruciales para clarificar referencias dispares y ambiguas sobre la geografía local y la organización social. Esta aproximación tiene el mérito de maximizar las fuerzas de la evidencia disponible.
Aunque el libro evita explícitamente historizar el contenido del mito de los Incas, sí apoya la perspectiva de que alguna versión del mito de Pacaritambo efectivamente existió en el tiempo de los Incas. Además el análisis de Fernando y Edgar Elorrieta proporciona argumentos muy sugestivos de por qué el área de Pacaritambo ubicado en las inmediaciones de Ollantaytambo, podrían haber sido elegida por los Incas como escenario particularmente apropiado como asentamiento arquetípico que motivo luego para el relato mitohistorico.
Luego de identificar el Tampu T’oco del mito, identifican también otros términos geográficos mencionados en las crónicas como la de Sarmiento.
Estos avances son los cimientos de un futuro estudio interdisciplinario de carácter complementario que están e inspirado por el presente. Sin asumir los hechos que están en la base del relato mitohistórico, es posible ver como la elite incaica remodeló su historia para construir el mito de sus orígenes. Los datos para realizar esta tarea serían, por supuesto, principalmente arqueológicos y derivados de trabajos de campo en la Gran Pirámide llamada de Pacaritambo y asentamientos adyacentes, en la formación del Estado Inca. Mediante un estudio intensivo será posible arrojar luces de sobre como la elite incaica procuró manipular este relato mitohistorico a través de actos concretos tales como peregrinaciones, rituales, entierros, ofrendas y otras actividades.
¿Quiénes tenían acceso a estos lugares mitohistoricos singularmente importantes y como sus actividades en estos puntos diferían de los realizados en sus pueblos o en la capital? ¿Cómo se concreta la creación a través del arte y de la planificación de la arquitectura monumental en estos puntos de origen? ¿Cómo es que la “Implementación” del mito cambió con el tiempo a medida que se expandió el imperio?. Futuros estudios reflejarán hasta cierto punto, los esfuerzos tesoneros de los hermanos Elorrieta que hoy se entrega al público en un libro lleno de contenido y bellamente impreso.
 
Fecha de envío: 31 Agosto 2014
Enviado por: HERNÁN AMAT OLAZÁBAL.
Dr. En Historia y Arqueología. Universidad Nacional Mayor de San Marcos – Lima, Perú. Facultad de Ciencias Sociales. Escuela Académico Profesional de Arqueología, Cusco
http://cuscomachupicchuonbooks.com/

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