Vision Andina de Machupicchu

 


Información General
 
Titulo: VISION ANDINA DE MACHUPICCHU
Autores  

Fernando Elorrieta Salazar

Caracteristicas    Publicado en Castellano, 242 páginas, papel 90gr., couché mate, cubierta foldcote 12” plastificado mate, lomo cosido, fotografías a todo color, gráficos en blanco y negro. Impreso en Imprenta Bartolomé de las Casas, 2010. Cusco., Depósito Legal Nº2010-09212. ISBN 978-612-45822-0-2, Proyecto Editorial Nº10801081000624.
Idiomas   ESPAÑOL
Paginas   242 paginas
Editorial  

Editora Tankar E.I.R.L. :

Extracto  

 Pag. 19. Pags. 229-232.

Alternativas de Lectura   Existen ejemplares en la Biblioteca Nacional del Perú; Biblioteca de la Municipalidad Provincial de Cusco, Centro Bartolomé de las Casas-Cusco y principales universidades del país.
 
 

Thupa Amaro

 Detalle Imagenes.

Imagen 1.Fotografia de la Esculto Arquitectura del Caiman Amaru Tupac.

Imagen 2.Grafico de la Esculto Arquitectura.

Imagen 3.Vision Estetica del Caiman.

 

A la muerte de Manco Inca, Sayri Thupa se hizo cargo, luego gobernó Tito Kusi porque Thupa Amaro estaba todavía muy niño. Los capitanes contrarios a la política pacifista y conciliadora que había tenido Titu Kusi, a su muerte, reconocieron inmediatamente a su hermano Thupa Amaro para la defensa de Vilcabamba, fue hijo y sucesor de Manco Inca, nació en la década de 1530 en Cusco1, su ayo Qespe Kuntur lo crió en Ollantaytambo hasta que Manco Inca lo llevó a Vilcabamba a mediados de 1537. En previsión de algún atentado, hicieron circular el rumor de que era «uti» o tonto.2 En Vilcabamba, le contaron a Baltasar Ocampo3 que a la muerte de Titu Kusi en 1571, una gran delegación entre marchas militares y melodías fúnebres, llevando los símbolos de poder político y religioso en estandartes, fueron en busca de Thupa Amaro de quien se sabía residía con Mamaconas, instructoras y mujeres del estado Inca en la Casa del Sol o fortaleza de Pitcos, Picchos o Pichu, situado en una altísima montaña desde donde se tenía un dominio visual extraordinario de la provincia de Vilcabamba.4

 

La gran plaza y el llano que ocupaba rodeada de edificios muy bien diseñados y construidos, así como los acabados en granito blanco impactaron en la memoria de quienes conocieron ese lugar donde era Sacerdote del Sol5; fue sacado de ese magnífico sitio y proclamado en Vilcabamba como el nuevo Inca del Tahuantinsuyo. Al asumir el gobierno, rompió todo trato con españoles y cerró las fronteras de Vilcabamba, rechazó las amenazas del virrey Francisco Toledo, haciéndole entender que los Incas jamás se rendirían, pelearían hasta el final en defensa de la soberanía de lo que quedaba del Imperio y su religión.

 

Toledo hizo alianza con un curaca de los Manaries quienes poblaban la parte correspondiente a la retaguardia de Vilcabamba, abrió proceso criminal contra los familiares del Inca por conspirar contra el rey, ordenó que fueran a pelear contra Thupa Amaro a los mestizos que habían ofrecido a Titu Kusi sus armas y personas.6 El virrey decidió invadir Vilcabamba por varios frentes, los incas defendieron heroicamente el valle de Vilcabamba en las batallas de Kuyaochaca y Wayna pucara, los hispanos al avanzar hasta la ciudad de Vilcabamba, unos días después del solsticio de invierno, el 24 de junio de 1572 la encontraron incendiada y abandonada.7 Entre tanto, Thupa Amaro y su comitiva se replegaban a la selva y como había ocurrido en muchas anteriores ocasiones, fue traicionado por un curaca Momori, y apresado. El Inca, capitanes, sacerdotes y Punchao el símbolo material del Sol, representado por una estatua de oro vaciado del tamaño de un niño y que contenía en la parte del estómago una muy bien cuidada cajita con las cenizas de los corazones de los Incas, desde Manco Capac o Ayar Manco hasta Huayna Capac, fueron llevados a Cusco. El 21 de septiembre de 1572 entró a Cusco «ante la mirada compungida de su pueblo, pero no con la angustia del vencido, sino con aquella gallarda altivez del hombre que ha cumplido gloriosamente con su misión histórica»8 y cósmica. La profecía se estaba cumpliendo en toda la extensión de sus términos.

 

Desde que fue pronunciada por el Inca Wiracocha en 1432 pasaron ciento cuarenta años. No fue un día cualquiera cuando un último acontecimiento decretó la totalidad del cumplimiento. El 23 de septiembre de 1572, en la fecha del equinoccio de primavera, cuando las flores andinas anunciaban las primeras lluvias y la nueva estación de siembra, el joven Inca fue decapitado. El cronista y sacerdote Murúa, reseñando este desgraciado momento escribió:

«Fue cosa notable, y de admiración, lo que refieren: que como la magnitud de indios en la plaza estaban, y toda la llenaban, viendo aquel espectáculo triste y lamentable, que había de morir allí el Inca y señor, atronasen los cielos y los hiciesen retumbar con gritos, ...Tupa Amaro alzando la mano dio una palmada con la cual toda la gente calló y se sosegó, que parecía que no había en la plaza alma viviente, y no se oyó más llanto ni voz ninguna, que fue indicio y señal manifiesta de que la obediencia, temor y respeto que los indios tenían a sus incas y señores. Pues aquel que jamás lo había visto, pues siempre se estuviese en Vilcabamba, retirado desde niño, a una palmada reprimieron los llantos y lágrimas salidas del corazón que tan dificultosas son de ocultar y esconder».9

En esa aciaga tarde, el instante en que la cabeza decapitada del Inca era alzada por manos de su verdugo, la cajita que contenía los corazones cremados de todos los Incas, en actitud premeditada, se le «resbaló» de las manos en alto a uno de los sacerdotes cristianos, cayendo con un golpe seco al piso de madera del escenario que se había instalado en la plaza principal de Cusco, las cenizas saltaron por los aires desparramándose por el trajinado tablado; esto fue observado atentamente por una apretujada multitud que se concentró para ver y admirar por primera y postrera vez a su Inca. Se escucharon miles de gritos desgarradores, las lágrimas brotaban impotentes, una indignación total envolvía sus espíritus, ya nada se podía hacer para impedir que estos corazones se estrellasen en los suelos de ese ensangrentado cadalso cristiano. Al ver caer la cajita y oirse el golpe contra el piso, más las cenizas expandirse y ser diseminadas por una violenta e inoportuna ráfaga de viento, súbitamente muchísimos andinos perdieron el conocimiento por el impacto de la escena que, cerraba un ciclo en la historia andina.

El cuerpo decapitado fue velado en la casa de su hermana y los funerales se hicieron en la Catedral10 con asistencia del virrey Toledo, quien vestido de luto riguroso y al igual que Pizarro en Cajamarca con Atahuallpa, se acercó compungido y en cínica actitud gimoteó sobre su cuerpo. El Inca fue enterrado en el templo de Santo Domingo en el sitio que fue dedicado al Sol para yacer al lado de su hermano Sayri Thupa.11

Ese mismo día, en carta enviada por el virrey Toledo al rey, lacónicamente decía: «Lo que vuestra majestad manda a cerca del Inga, se ha hecho».12 Baltazar Ocampo cuenta como tradición, que la cabeza del Inca expuesta en una picota para escarnio público, no se corrompió, hasta se hizo más bella; visto el extraño caso, se ordenó que fuese enterrada con su cuerpo.13

La estatua en oro de Punchao, fue llevada a España según consta en el expediente respectivo: «Vino en el navío de aviso de tierra firme por julio de 1573».14 Los sacerdotes y astrónomos andinos ya no pudieron ver con claridad diáfana la bóveda celeste nocturna, sus ojos se nublaban siempre, al preguntar a Wiracocha, ¿Por qué los puentes en la Vía Láctea, se inundaron? y ¿Por qué al llegar un pueblo extraño, jamás visto, se perdió el Imperio y la religión?

En los Andes, quedó la fe de que los cóndores, son los que nos llevan a las estrellas.

1    Guillén, 1994. pag. 148.

2   Idem., pag. 148.

3  Juicio de límites Perú-Bolivia. B. Ocampo, t.VII; pag. 314.

4  Idem. B. Ocampo, t.VII; pag. 316.

5  Guillén, 1994. pag. 148.

6  Idem., pag. 150.

7  Idem., pag. 161.

8  Idem., pag. 165.

9  Murúa, 1962, cap. LXXXV, pag. 21.

10 La actual catedral estaba en construcción.

11 Edmundo Guillén, 1994. pags. 169-170. «En mayo de 1780, se intentó identificar sus restos. Don José Vicente García Vetancour, entró con los superiores del convento de Santo Domingo a la tumba de los Incas. Hallaron allí los restos de un hombre de talla gigantesca, que había sido decapitado. Era relativamente joven, estaba amortajado con un ‘uncu’ negro y una manta amarilla y a su lado sus vísceras en una olla. La talla del muerto desconcertó a sus testigos que al final dijeron nada más que estos restos podían corresponder a Thupa Amaro Inka.»

12  Idem., pag. 166.

13  Ocampo, en Juicio de Límites entre el Perú y Bolivia. vol. VIII, pag.        327. En Guillén, 1994. pags. 170-171.

14 Harvey, 1994. pag. 145.

Acciones: “Visión Andina de Machupicchu” está siendo traducido al Portugués, Inglés, Alemán, Italiano, Francés, Chino, Japonés y Ruso.

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