Cusco and the Sacred Valley of the Incas

Características: Publicado en Castellano, Inglés, Francés, Alemán e Italiano. 160 páginas, papel 115gr., couché brillante, cubierta foldcote 12” plastificado, lomo cosido, fotografías a todo color, gráficos en blanco y negro. Impreso en Ausonia. 2004, Lima. 

 

Cusco and the Sacred Valley of the Incas

Información General
 
Titulo: EL VALLE SAGRADO DELOS INCAS MITOS Y SIMBOLOS
Autores  

Fernando Elorrieta Salazar

   

Edgar Elorrieta Salazar

Caracteristicas    Características: Publicado en Castellano, Inglés, Francés, Alemán e Italiano. 160 páginas, papel 115gr., couché brillante, cubierta foldcote 12” plastificado, lomo cosido, fotografías a todo color, gráficos en blanco y negro. Impreso en Ausonia. 2004, Lima.
Idiomas   ESPAÑOL, INGLES
Paginas   114 paginas
Editorial  

Editora Tankar E.I.R.L. :

Extracto  

Alternativas de Lectura: Existen ejemplares en la Biblioteca Nacional del Perú; Biblioteca de la Municipalidad Provincial de Cusco, Centro Bartolomé de las Casas-Cusco y principales universidades del país.

Status   Agotado
 
 

 

Sumilla: Las publicaciones de 1992, La Gran Pirámide de Pacaritanpu, Entes y Campos de Poder en los Andes y la de 1996, El Valle Sagrado de los Incas, Mitos y Símbolos; debido a las expectativas que generaron,  quedaron agotadas. El 2004, ampliamos parte de los estudios anteriores y publicamos “Cusco y el Valle Sagrado de los Incas” que comprende un estudio desde los mitos del primer hombre en el área cultural Tiahuanaco, la fundación de la ciudad de Cusco, el rol del Héroe Civilizador Wiracochan hasta la fundación del Imperio de los Incas con sus testimonios que lo sustentan como hechos históricos. Analizamos la importancia política y religiosa de las magníficas construcciones de Coricancha como núcleo religioso andino y la mayor edificación monumental Inca recordado como Sacsayhuaman. Presentamos parte del valle del río Vilcanota o Urubamba, entre Pisac y Machupicchu en una extensión de 100 kilómetros en la categoría cultural de Valle Sagrado por ser un espacio geográfico longitudinal vinculado con el Cosmos como un reflejo en espejo de la Vía Láctea, para ello, los arquitectos Inca representaron mediante esculturas y arquitecturas las figuras de las constelaciones andinas, extensas y duraderas como lo son en el espacio-tiempo cósmico. Asimismo, analizamos la geografía sacra y los simbolismos del pensamiento Inca expresados en las edificaciones de la ciudad de Machupicchu, la última gran obra del hombre andino.

Contenido: Está compuesto por 12 títulos: La Geografía, El Hombre, El origen de la Ciudad del Cusco, Qoricancha, Sacsayhuaman, El Valle Sagrado de los Incas, Moray, Chinchero, Ollantaytambo, Machupicchu, El Ave Ancestral. Anexo Las flores de Cusco y El Valle Sagrado de los Incas.

 Acciones: Por su contenido de vanguardia en parte de los estudios de la Cultura Andina es uno de los libros más vendidos en Perú, se han hecho más de una decena de videos de difusión cultural con productoras internacionales, hemos motivado que los lugares de estudio hayan sido objeto de trabajos artísticos en pintura, teatro, poesía y video. Los lectores han creado 44,000 links en internet. La Gran Pirámide de Pacaritanpu, Entes y Campos de Poder en los Andes, El Valle Sagrado de los Incas, Mitos y Símbolos y Cusco y el Valle Sagrado de los Incas, son publicaciones que han motivado trabajos académicos en licenciaturas, así como también han sido tomados como referencias y objeto de análisis en maestrías y doctorados de estudios andinos.

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Extracto: Pags. 17-20.

EL ORIGEN DE LA CIUDAD DE CUSCO.

Siglos después y no muy lejos de los lugares anteriormente descritos, cuando en noviembre de 1533, Francisco Pizarro y sus fuerzas penetraron en el corazón del imperio de los Incas, vieron en su núcleo una ciudad que los llenó de asombro. Dotada de palacios, templos esotéricos, almacenes premunidos y una disposición urbana vertebrada por calles orientadas hacia las salidas o puestas de sol, la entonces sagrada ciudad de Cusco cobijaba así, bajo un orden cósmico a los linajes de los Incas, y en encierros casi monacales, a las mujeres escogidas para el perpetuo servicio del culto y también para tejer los más preciados textiles con los que se reciprocaban lealtades y se honraban a las divinidades.

En los alrededores, cerca de cien mil casas (a decir de Pedro Sancho en 1534), formaban un cordón semicircular en el que residían junto a los antiguos linajes de esta tierra, los señores tributarios concentrados desde los más lejanos pueblos a los que fagocitó este imperio. Cerca de cien etnias y veinte lenguas veladas por el Quechua que era la universal, coexistían en la Ciudad que legítima en su tiempo se consideraba como el centro del mundo, y como tal, centro nervioso de una vasta organización comunicada con sus extremos, por caminos y hombres que ágiles y en relevos, trotaban llevando mensajes en cuerdas anudadas con las que tejían y destejían la memoria (Quipus). De los códigos con los cuales estos se leían, se sabe muy poco, casi nada, que si tuvieron otros; estudios recientes enfocan su interés en los complejos diseños geométricos de sus textiles (tocapu), lo cierto es que cuando los especialistas en decodificar estos misteriosos anales (quipucamayoc), fueron consultados acerca de los orígenes de la ciudad, respondieron a través de un cuerpo de literatura oral hecha a manera de historia sagrada, en la que los hechos se disuelven en la atmósfera mágica de sus mitos. Estos como tales, constituyeron la información proporcionada por sus registros y memoria, a los funcionarios y cronistas del reino de España, cuando declararon acerca de los primeros pueblos que se asentaban cerca al lecho cenagoso del antiguo lago extinguido donde se edificó la ciudad de Cusco. Lares, Poques, Sahuasiras, Alcabisas, entre otros, dijeron eran los nombres de los primeros pueblos que señoreaban en este Valle, antes de la llegada de los Incas o los Hijos del Sol. Se desconoce quiénes fueron los primeros en poblarlo, mas no su primer nombre “Acamama” que quiere decir «Esta que contiene las cosas, o esta que es madre14».

Sobre quiénes eran los Incas, son muchos los estudiosos que desde entonces hasta el presente se hicieron la misma pregunta, y a ella corresponden también variadas respuestas.

Existen versiones que se basan en documentos tales como las palabras15 y ciertas características culturales que sugieren migraciones de pueblos situados en las inmediaciones del lago Titicaca; otros postulan su desarrollo autónomo en el valle de Cusco, pero en verdad, lo que de ellos se dice, es muy discutido entre los distintos investigadores. Lo cierto es que la historia de su origen, como los Incas la concibieron y contaron, se encuentra sintetizada en sus mitos16 y en el espíritu de su obra.

El mito

De las creaciones que los hombres tienen en común, hay especialmente una que a manera de metáfora prodigiosa, ejerció el sortilegio de contener entre otras, la idea del mundo y la del hombre en su más remoto origen. Así sutilmente el mito, inspiración viva de la imaginación, abrió las puertas de ese infinito espacio al que ahora llamamos cultura. La religión, las artes, las formas sociales, derivan de él tanto como las características fabulosas que lo constituyeron permanente en su largo y sinuoso viaje a través de la memoria de los pueblos.

Los ciclos míticos del origen del hombre, de los Incas y la ciudad de Cusco, son ricos en símbolos, gestos rituales, y sucesos sobrenaturales asociados a descripciones de la geografía en la que se desarrolla la gesta. En ésta por lo general se representa a los héroes civilizadores y fundadores, como personajes enviados por la divinidad en busca de un lugar previamente singularizado, el cual ha de ser reconocido, en el momento que el gesto ritual de sus personajes es aceptado por la madre Naturaleza o los seres que moran en ella, reflejándose el hecho, en manifestaciones suyas (arco iris, haces de luz, lluvias de fuego etc.), que serán tomados como señal de buen augurio y donde culmina o se fija un hito (conversión de los personajes en piedra), en este largo peregrinar.

Esta estructura mítica, por la continuidad cultural aún se mantiene en la actualidad. No sorprende que al final de los relatos míticos en las comunidades tradicionales del Valle Sagrado de los Incas, se señale siempre un hito de piedra como testimonio que valida lo narrado17. Así la dinastía Inca, no solo elaboró el discurso ideal que legitimó su origen cósmico, sino que complementariamente, perpetuó su comunión con la Naturaleza, entregando sus mejores esfuerzos para elaborar y recrear físicamente y parte por parte, el escenario de la epopeya de su origen. Escenario que a continuación mostramos, junto al relato sintetizado de las diversas versiones recogidas en los siglos XVI y XVII, acerca del origen del mundo, de los Incas, y de la ciudad de los Hijos del Sol: Cusco.

Extracto: Pags. 66-68.

El Valle Sagrado y la Vía Láctea.

Establecido por la tradición religiosa, que los seres sobre la Tierra tenían cada cual, un antecesor común en las estrellas50, identificaron en la bóveda celeste a los que por razones de carácter astronómico y religioso, fue necesario configurar en constelaciones tales como, la del árbol o la del cóndor, y tomando a la Vía Láctea como principal plano de referencia para la observación del cielo, conjugaron del mismo modo algunas estrellas con las nubes oscuras que se asoman a lo largo de su trayectoria para formar las llamadas “constelaciones negras”, entre las que se pueden reconocer; la llama, el sapo, la perdiz, el zorro, y la serpiente. Prototipos celestes de los cuales se pensaba dependía la multiplicación y el bienestar de las especies.

En la Tierra, venerado como el Hijo del Sol y considerado como el benefactor de los hombres, el Inca ostentó también el atributo de una naturaleza desdoblada, y cada cual, desde el primero de la dinastía, eligió para sí un ídolo que reconocido como su hermano, permaneció en el tiempo reverenciado como si fuese él mismo.

Análogamente, en las comunidades pastoras y agricultoras que actualmente son depositarias de algunas de estas creencias, se considera «que las fuerzas que hay más allá de la Tierra –Dios, el sol, la luna, las estrellas- tienen poderes limitados. Donde estas fuerzas externas pueden ser absorbidas (o representadas en la Tierra), es cuando adquieren poder. Solo entonces cuando las estrellas están vinculadas con un cerro en particular se encarnan, y desde allí controlan el destino del hombre51».

No escapó entonces la civilización Inca, a ese común designio que la hizo pensar como a muchos pueblos del mundo, en la existencia de un doble o un arquetipo celeste de los seres y de los lugares donde habitaron, así como de las ciudades y los templos donde los veneraron52. Así se lo refirieron a Cobo (1653), cuando los descendientes de la nobleza inca le hablaron acerca de los antecesores comunes y de sus representaciones terrenales, versión que luego transcribió en su Historia del Nuevo Mundo:

«Cuentan que aquellos primeros hombres, luego de haber dejado sucesión, se convirtieron en aquellos mismos lugares, unos en piedras, otros en halcones y cóndores y en otras aves y animales y por eso los templos y guacas que ellos adoran tienen diferentes formas y figuras

Formas y figuras, que recreadas en los gigantescos espacios rituales del Valle Sagrado, representaron las constelaciones situadas en las inmediaciones de la Vía Láctea o del Río celestial, cual si este Valle y su río fuesen su doble o su reflejo en el espejo de la Tierra.

 

 

Las Constelaciones reflejadas en el Valle Sagrado

Concretar esta visión cosmológica, dada la magnitud de la obra, debió demandar considerable tiempo de esfuerzo continuado, ya que la arquitectura Inca no sólo se ocupó del diseño de sus monumentos en función a los requerimientos prácticos, sino también en función a los símbolos y los contenidos mágicos que debían representar.

La magia, practicada con el objeto de escapar de la causalidad directa, en la medida en que busca, conciliar y conjugar los poderes de la Naturaleza y los del deseo, constituyó un componente activo de sus creencias, las cuales por el mismo hecho, concibieron al Universo como un todo viviente unido a sus partes por lazos vitales e invisibles; concepto que luego la arquitectura sintetizó a través de su obra.

Para lograr este propósito, aprovecharon las formas naturales presentes en las montañas o en los llanos, y luego las articularon construyendo andenes54, plataformas ceremoniales, observatorios astronómicos, habitáculos, canales, fuentes de agua, y cuanto se necesitó para que los lugares seleccionados, adoptaran las formas con las cuales se asociaron a los prototipos celestes identificados como estrellas y constelaciones en el cielo.

Por lo referido, el diseño total de estas arquitecturas de sólidas masas monumentales, no fueron hechas para apreciarse a simple vista y desde cualquier punto, sino desde ángulos predeterminados y situados en lugares elevados, en los que la posibilidad de una visión total del conjunto, hace que los aparentemente diseminados grupos de construcciones que los conforman, se integren visualmente a las montañas o los llanos donde fueron edificados, cobrando formas que alternativamente se muestran o se cubren frente al espectador, en una permanente metamorfosis que las define no solo como objetos de contemplación estética sino de acción mágica.